Otra opción es la irrigación con agua tibia. Para esto, puedes usar una jeringa sin aguja y llenarla con agua a temperatura corporal. Inclina la cabeza y aplica el agua suavemente dentro del oído, permitiendo que luego salga por sí sola. Es importante hacerlo con cuidado para evitar presión excesiva.
También puedes aprovechar el vapor de agua. Una receta casera es hervir agua en un recipiente, retirarla del fuego y acercar el rostro (a una distancia segura
cubriendo la cabeza con una toalla para concentrar el vapor. Permanecer así durante unos 10 minutos ayuda a aflojar la cera de manera natural.
Es fundamental evitar introducir objetos en el oído o limpiarlo en exceso, ya que esto puede causar daños. Si los síntomas persisten o aparecen dolor intenso, secreciones o pérdida auditiva
lo más recomendable es acudir a un especialista. Cuidar el oído de forma adecuada garantiza una buena salud auditiva a largo plazo.


